29.7.11

Recuerdo desnudo

El viento me roza la cara, haciendo que todo se ralentice, como si fuese a cámara lenta. De pronto me siento completamente desnuda. Las últimas notas tristes de la melodía me hacen pulsar el botón para volverla a escuchar. Todo es como una película triste y lenta. Recuerdo sus voces, sus últimas palabras. Antes de que todo se volviese borroso y oscuro, antes de morir. Y aquí sigo, en el mismo cruce, en el mismo instante, y todo vuelve a empezar. Todos aquellos intentos por parecer fuerte, se desvanecieron en solo palabras y lágrimas. Todavía escucho esa voz sabia en mi cabeza que dice: nada se ha logrado jamás con lágrimas. Supongo que mi fracaso lo demuestra, pero lamentablemente no puedo volver, ni tampoco seguir adelante. Anclada en el frío recuerdo, soy frágil, pero nada me rompe, ya que estoy yo sola, en mi agonía, en mi recuerdo.

15.7.11

La iglesia era como una inmensa sala de cine. Las luces dibujaban cruces en las paredes. Había butacas azules, de terciopelo oscuro. Algunas estaban ocupadas por personas que rezaban, o que esperaban pacientes una luz que les guiase en el camino, dibujando su destino. Todas aquellas personas, allí, paralizadas, parecían de cera. No caía ninguna gota de sudor por sus frentes, ni si quiera movían un solo dedo.
Aquel lugar aparentemente cálido, era frío y gélido. Y parecía que ningún alma llenaba el vacío interior de aquel lugar que producía tantos escalofríos.

8.7.11

El beneficio de la duda


Ya no tenía ningún sentido correr. Nada importaba. Todo flotaba en el aire que llenaba la inmensidad del mundo. No existía la prisa, ni el miedo. Solo existían la rabia, la ira, la tristeza, y la soledad. En esa vida llena de mentiras, engaños y secretos, lo único que sostenía el equilibrio era ese atisbo, esa luz, esa chispa, esa duda, esa… esperanza.
Luchabas por seguir adelante, aunque siempre pensaras que todo acabaría, que ya no podrías más. Pero nunca te rendías, siempre luchabas, y aunque no lo consiguieras, siempre seguías intentándolo.
Te hacías diariamente la misma pregunta. Querías entender porque seguías aguantando a una persona que te trata como a una mierda, porque seguías pensando en alguien a quien no le importas nada. Pero en el fondo, entre todos esos pensamientos y preguntas, tenías la respuesta. Y lo sabías. Sabías que la respuesta era sencilla, pero complicada.
Le quieres, siempre le has querido. Por el mero hecho de que sabes que aunque solo muestre, o casi siempre, esa parte suya tan cruel y desagradable, dentro guarda con un candado de acero esa parte suya que es tan dulce y serena. Y aunque no la muestre. Solo en ocasiones muy señaladas, y un mero atisbo, siempre le has concedido el beneficio de la duda. No puedes evitarlo. Aunque muchas veces pienses y escribas que esa persona ya no tiene esa oportunidad, sabes que siempre la tendrá, gracias a ti. Y tienes la esperanza de que no tengas que ofrecerle más ese beneficio, porque lo que más deseas es ver que esa parte suya tan especial salga a la luz y te haga sentir feliz, y puedas sonreír de verdad.